Esta imagen de
unas chicas jóvenes adolescentes aparentemente entregadas a las divertidas labores de
preparación de un botellón, no es lo que parece. La tremenda realidad es que están
preparando cocteles molotov (armas de guerra incendiarias) para la confrontación
que se está produciendo en algunas zonas de Ucrania entre los partidarios de
dos ideales territoriales diferentes y opuestos. El objetivo de estas armas
incendiarias no es otro que infligir daño al contrario, al enemigo, mediante el fuego: quemar coches, propiedades,
edificios, personas, producir perjuicio
al otro. La fotografía ha sido captada este fin de semana en Odessa –Ucrania- y
ha sido divulgada ampliamente a través de las redes sociales.
Este fin de
semana, el viernes 2 de mayo, unos manifestantes prendieron fuego a la Casa de los sindicatos, edificio
en que se habían refugiado los manifestantes opuestos*. Según el fiscal de Odessa
el balance final del incendio ha sido de 46 fallecidos (38 en el interior y 8
al arrojarse por las ventanas).
Los daños
producidos son irremediables, pero estos hechos deberían servirnos para
reflexionar sobre las posibles trágicas consecuencias del uso del fuego en manifestaciones
y concentraciones públicas y algaradas sociales. Las muertes de personas ocasionadas mediante el uso intencionado del fuego no dejan de ser asesinatos y si estos se producen de forma masiva contra la población civil de otro grupo étnico o nacional se llama "genocidio".
El fuego ha
sido un arma de guerra desde la antigüedad y como se puede comprobar lo sigue
siendo en la actualidad: napalm, bombas incendiarias, lanzallamas, o antorchas
sirven para causar daños y destrucción; una noticia reciente nos daba cuenta de
que el presidente de Corea del Norte habría mandado ejecutar mediante el uso de
lanzallamas (la versión rápida de la quema medieval en la hoguera) a un alto
cargo del régimen junto con su hermana y otro colaborador. ¡Impresionante forma
de impartir justicia!
Tras casi toda
una vida de dedicación a la lucha contra incendios y su prevención, siempre me ha costado
aceptar el uso del fuego para hacer daño o para destruir. No llevo bien, cuando
alguien, en nombre de una buena causa prende fuego a algo, ya sea para que arda
un comercio o para destruir un cajero de un banco o queme unos neumáticos para
hacer una barricada. Y qué decir cuando el fuego se usa para causar daños a las
personas. ¡Pavoroso!
Creo que el
fuego como arma destructiva, debería formar parte de las armas prohibidas por
la Organización de las Naciones Unidas, como las armas de destrucción masiva, las
bombas racimo y las minas antipersona. La civilización debería hacer uso del
fuego solamente para disfrutar de sus beneficios y los civiles deberían ser
formados en la “ética” del uso e l fuego.
*Nota: No es
objeto de esta reflexión analizar la contienda ni echar la culpa a unos o a
otros, razón por la que no menciono a ningún de los dos bandos. Las personas
fallecidas son igualmente víctimas independientemente del bando en el que
estuviesen en ese momento.
Publicado el 5 de mayo de 2014

