Como todos, los
servicios de emergencias trabajamos para producir u obtener unos resultados.
Pero, ¿cuáles son estos resultados que se producen con nuestra actividad? ¿cómo
los medimos? ¿sabemos si lo hacemos bien? ¿somos buenos haciendo lo que
hacemos? ¿quiénes son los mejores?
Me temo que depende a quién preguntemos la respuesta será diferente. Si
preguntamos a los bomberos de base (asalariados o voluntarios), estoy seguro
que la respuesta será que los resultados son excelentes pues muchos tienen la
convicción de que la sociedad hace una valoración muy positiva de su trabajo y
tiene un gran concepto del bombero, ya sea remunerado o voluntario. Si
preguntamos a los mandos y a los jefes, esta respuesta no será tan rotunda ni
triunfalista pues como conocedores de la organización y de los resultados desde
dentro son conscientes de que hay muchas cosas que podrían ser mejoradas. Así
que nos encontraremos con respuestas tal como: muy mal, mal, bien, muy bien,
emitidas de forma absolutamente subjetiva en función de la percepción del
individuo en base a sus propias creencias de lo que piensa sobre cómo debe de ser
la eficacia de un servicio de bomberos o de protección civil.
Entonces, si los propios actores nos dan respuestas diferentes ¿cómo
podemos saber cuál es la respuesta verdadera?
¿Cómo medimos los resultados en
bomberos y protección civil?
Es sabido que para medir algo hace falta un sistema de medidas. Para
saber el peso de algo, necesitamos una báscula, para medir el tiempo, un reloj.
Pero el sistema de medidas en sí, solo nos proporciona mediciones absolutas; tomar
una medición con la báscula no nos dice si algo pesa poco o mucho, ni contando
el tiempo se sabe si un periodo de tiempo es corto o largo. Para evaluar una
medición necesitamos algo más, necesitamos referencias, necesitamos puntos de
comparación. Para saber si un atleta es rápido no solo necesitamos un
cronómetro sino un punto de salida y una meta y un patrón de medida (compararlo
con otro). Para evaluar unos resultados son necesarios unos objetivos, unos
hitos, unas metas y un patrón de referencia.
Al margen de un catálogo genérico de las tareas que desempeñamos,
implícitas en el propio nombre de “servicio de extinción de incendios y de
salvamento” (otros han incorporado en su nombre “Prevención”) que puede ser
entendido como una carta de servicios, y de una declaración de intenciones de
prestar un servicio público para proteger y salvar las vidas de los ciudadanos,
animales y bienes, e incluso el medio ambiente, los servicios de bomberos no tienen
objetivos definidos ni metas concretas que nos permitan medir si el servicio
prestado es bueno o malo, rápido o lento, satisfactorio o deplorable, si obtenemos
una calificación alta o estamos en un nivel bajo de competencia. Esto mismo es
de aplicación para los servicios de protección civil, donde la amplitud de
tareas realizadas y la indefinición es aún mayor.
A falta de una Ley que lo regule y desarrolle nos hemos impuesto, a nosotros mismos (sin preguntar a los ciudadanos,
qué es lo que quieren que hagamos para ellos) de forma unilateral, una serie de
obligaciones, tareas, funciones que entre nosotros nos comprometemos a cumplir.
En esta tesitura no cabe duda de que
somos eficaces, pues cumplimos con lo que nosotros mismos hemos establecido que
debemos hacer, pero si no lo hacemos en un tiempo establecido o lo hacemos a
cualquier precio no seremos eficientes.
Así pues, lo primero que tendremos que hacer para conocernos bien es
realizar una clasificación de nuestras actuaciones y recogerla, apuntarlas, y
contarlas. O sea rellenar unos partes y luego elaborar unas estadísticas.
Cuanto más minuciosos y más completos sean los datos que recogemos, más
precisas serán las estadísticas que elaboremos después y mejor conoceremos
nuestra actividad. Y si otros hacen lo mismo y lo miden de la misma manera, como
dice José Julián Isturitz(1)
en la Conclusión en su Tesis doctoral sobre Atención de Emergencias(2) “habremos
logrado tener indicadores comparables y entonces podremos establecer
comparaciones mediante un sistema comparable cualitativamente”. Esto
nos permitirá “aprovechar la globalización para generar competitividad entre
administraciones” y “generando
una comunidad despierta”.
Sin estadísticas no se sabe si hay
calidad
Mientras esto no ocurra, mientras no tengamos unas estadísticas
unificadas homogéneas y comparables no podremos estar legitimados para
manifestar públicamente que lo que hacemos lo hacemos eficientemente. Tan solo
podremos realizar declaraciones subjetivas arbitrarias, por lo general bien-intencionadas,
pero casi siempre mal-informadas, cuando no deformadas.
Eso sí, nadie nos podrá negar ser triunfalistas, ni impedir decir que ¡somos los mejores de nuestro pueblo!
(1)
José Julián Isturitz estuvo en Protección Civil del Gobierno Vasco, fue
director de emergencias del Gobierno de Canarias, gerente del Consorcio de
Emergencias de Gran Canaria y director general del SEM (servicio sanitario de
emergencias de Cataluña). Actualmente es profesor de la UAB -Universitat
Autònoma de Barcelona-.
(2)
Tesis
doctoral de José Julián Isturitz* “REGULACIÓN Y ORGANIZACIÓN DE SERVICIOS DE EMERGENCIASY PROTECCIÓN CIVIL: DISEÑO DE UN SISTEMA ASIMÉTRICO, MULTIFUNCIONAL YMULTIFACTORIAL”.
Publicado el 17 de agosto de 2015
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