En
el artículo anterior comentaba
la decepción que siento por el engaño del gobierno en esta legislatura por no
haber aprobado que los vehículos de emergencia puedan llevar luces prioritarias
azules. No es fácil entender que durante tres veces se hayan aprobado en el Congreso de los Diputados
español (en la Comisión de seguridad vial) tres Proposiciones No de Ley (PNL)
por unanimidad -es decir con la aquiescencia de quien gobernaba- que obligaban
al gobierno a regular que los servicios de emergencia podrían portar rotativos azules.
Cuesta entender que un gobierno pueda actuar en contra
de sus propias decisiones y en contra de las decisiones aprobadas en la Comisión de Seguridad Vial por todos los
grupos políticos sin excepción, así que me permito especular que este asunto,
aunque parece estar siendo objeto de un maleficio, su fatal desenlace debe tener alguna
explicación más humana que sobrenatural (como la que imagino a continuación).
La fábula
<<Imaginemos un día cualquiera al ministro de Presidencia
sentado en la mesa de su despacho. Su secretaria acaba de notificarle que tiene
una importante visita que no estaba en su agenda; está sorprendido al escuchar
el nombre y cargo del visitante. Poco después, tras un par de toques en la
puerta del despacho, vio entrar a su secretaria dando paso a un militar impecablemente
uniformado.
—Muy buenos días, Sr. Ministro —dijo el visitante
cordialmente.
—Muy buenos días —le saludó desde detrás de la mesa,
levantándose ante la visita inesperada y mirando directamente a su
interlocutor. Rodeando la mesa, dio un par de pasos al frente y alargó el brazo
hacia él extendiendo la mano.
Mientras el militar se presentaba, se saludaron con un enérgico apretón de manos.
—¿Qué se le ofrece, mi general? —Aunque las
autoridades civiles no están sometidas al poder militar sino más bien al revés,
el tratamiento “mi general” es una deferencia que aún se mantiene, sobre todo
entre los políticos de los gobiernos de derechas, aun cuando la formula
correcta sería llamarle señor, o por el nombre o por su rango seguido del
apellido, o bien “general” a secas.
Es sabido que los generales del ejército español gozan
de un poder tal que pueden presentarse directamente en el despacho de un ministro
sin aviso previo; lo han hecho siempre desde el golpe de estado militar del 36 y no
están dispuestos a perder tal privilegio. En este caso el general de la
Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil no es una excepción.
—Pues mira ministro,
no quiero quitarte mucho tiempo —dijo tuteándolo.
El ministro, incómodo
ante la invasión intempestiva, se alegró por el anuncio de la brevedad de la
interrupción de sus tareas, y aceptando el tuteo, le animó a proseguir:
—Tú dirás.
—Mi visita tiene por
objeto trasladarte la preocupación del cuerpo por un asuntillo de la Dirección General
de Tráfico, que se puede resolver fácilmente.
Estas palabras
hicieron que el ministro sonriese y mostró su buena disposición a escuchar a su visitante invitándole a sentarse en el sofá, situado en el
extremo más luminoso de su despacho.
—Siéntate, por favor.
—Gracias.
—Bueno, cuéntame
—dijo el ministro, intrigado.
Tras acomodarse en
sus asientos, el general comenzó su explicación.
—Desde hace varios
años, algunos grupos están enredando para que todo el mundo —exageró— lleve las luces
azules de policía y han conseguido que se modifique un artículo del nuevo Reglamento
para darles satisfacción. Sabes que siempre los vehículos policiales se han distinguido
por las luces rotativas azules; cuando ves un coche con luz azul,
inmediatamente sabes que es un coche policial. Pues bien, si se aprueba el
reglamento de tráfico como está redactado el proyecto, esto se acabó. Las
carreteras españolas serán un mar de confusión. Imagina un viaje de Madrid a
Valencia: en este trayecto puedes encontrarte unos dos o tres coches de policía
y en cuanto ves que llevan luces azules los identificas inmediatamente con la
autoridad; son los que velan por tu seguridad.
—Pero, eso ¿continuará siendo así no? —le interrumpió el ministro.
El general, tomó aire y continuó su discurso, desorbitando la realidad.
—Si el despropósito de este Reglamento sale adelante, podrás encontrarte en este recorrido, con decenas de coches, camiones y furgonetas con rotativos azules sin que sepas quiénes son: bomberos, ambulancias, vehículos de los voluntarios de protección civil de cada pueblo; hasta las grúas podrían llevar luces azules. Serán cientos de vehículos sin orden ni concierto los que sembrarán una confusión fatal. No tienes que extrañarte que estemos indignados en la Benemérita, que llevamos años cargando con la responsabilidad de la seguridad en las carreteras españolas. Por eso estoy aquí —enfatizó, gesticulando con las manos—: ¡Esto no se debe permitir!
—Pero, eso ¿continuará siendo así no? —le interrumpió el ministro.
El general, tomó aire y continuó su discurso, desorbitando la realidad.
—Si el despropósito de este Reglamento sale adelante, podrás encontrarte en este recorrido, con decenas de coches, camiones y furgonetas con rotativos azules sin que sepas quiénes son: bomberos, ambulancias, vehículos de los voluntarios de protección civil de cada pueblo; hasta las grúas podrían llevar luces azules. Serán cientos de vehículos sin orden ni concierto los que sembrarán una confusión fatal. No tienes que extrañarte que estemos indignados en la Benemérita, que llevamos años cargando con la responsabilidad de la seguridad en las carreteras españolas. Por eso estoy aquí —enfatizó, gesticulando con las manos—: ¡Esto no se debe permitir!
—Pero, este asunto
depende de Tráfico, ¿no?
—No, no. Este
borrador se está tramitando desde tu Ministerio, desde Presidencia.
—Ignoraba que
entrañase estos cambios, no me han informado de esto.
—Pues así es, siento
decírtelo —aseveró el general, rotundo—. Espero que no sea tarde para
rectificar.
—Pero…, habrá algún
tipo de oposición si ahora cambiamos el proyecto, el borrador ya está
circulando… Me preocupa que haya alguna reacción.
—Por eso no te preocupes
—aseguró, quitándole importancia—, ya hemos hablado con la asociación de
bomberos más representativa de bomberos que está en Madrid y ellos no quieren
las luces azules. A la Federación de Municipios y Provincias tampoco le va nada
en este asunto, es más una cuestión de los vascos y catalanes que ya han puesto
las luces azules por su cuenta sin autorización de la DGT. Y ya sabes, desde la Guardia Civil no
podemos hacer nada; lo único que está en nuestras manos es que nuestros agentes
sancionen a sus coches de bomberos cuando salgan a
intervenir en las provincias limítrofes.
—¡Ya! —cortó el ministro,
que no le gustaba la deriva de la conversación—. ¿Y tenemos alguna propuesta
alternativa?
—Sí, claro que la hay
—dijo sonriendo—: Dejar el texto del Reglamento como estaba.
—Sí, pero… A ver como
se lo explicamos al ministro de interior y al director de tráfico -manifestó el
ministro, pesaroso.
—El ministro de
interior ya lo sabe, ya hemos hablado con él —afirmó, utilizando el plural,
para dar a entender que no era solo cosa suya y que había varios interesados en
el tema—: Está de acuerdo.
—Pero, habrá que
redactar un nuevo borrador.
—No, no será necesario.
—Hizo una pausa, sosteniendo la mirada al ministro—. Simplemente, cuando mandéis el Reglamento definitivo a publicar al BOE, dejáis
la redacción de ese punto sin modificar; como estaba antes.
—Seguro que habrá alguna protesta
—alegó el ministro, mostrando cierta preocupación.
—No, no la habrá, ya verás
—aseguró con aplomo—, en todo caso, si algo no saliese bien y hubiese algún
tipo de queja generalizada, no se trataría de nada irreparable, tu gabinete
siempre podrá decir que ha sido un error mecanográfico. Y en última instancia,
si no quedase más remedio, estaría la argucia de la rectificación mediante una
corrección de errores en el BOE. Pero te aseguró que no pasará nada; este
asunto no interesa a nadie. Por intentarlo, no tenemos nada que perder.
—Bueno, bueno, pues
siendo así, lo estudiaremos. De momento, lo que podemos hacer es ralentizar su
tramitación —aceptó el ministro, zanjando el asunto, con aire de complicidad.
Se dio cuenta en ese instante que el color verde de su corbata de seda, aunque
un poco más brillante, era exactamente del mismo tono que el uniforme de la
Guardia Civil.
La conversación
continuó amistosamente durante unos minutos. El general no le dijo al ministro
de Presidencia que el cambio del Reglamento de Tráfico estaba motivado por una
Proposición No de Ley de la Comisión de seguridad vial del Congreso de los
Diputados, ni que en ningún país de Europa existe una luz para
distinguir los coches de policía, ni le puso al corriente de que en Europa todos
los vehículos de emergencia llevan luces azules…
Varios meses después
se publicó el nuevo Reglamento sin modificar ni una coma para aceptar que los
vehículos de emergencia llevasen luces azules como en Europa, despreciando y
contraviniendo el mandato del Congreso al Gobierno. Se había dado un golpe de
estado administrativo, en que la voluntad de un militar se había impuesto una vez más
sobre la voluntad civil de los españoles representada en el Congreso de los
diputados. El general, el ministro demócrata y todos sus cómplices se pasaron
el Parlamento y su PNL por... el arco de triunfo.>>
Moraleja
Por si alguien no la ha deducido aún: Los
servicios de emergencia en España no llevarán luces de prioridad azules como
los países de las democracias europeas mientras la Guardia Civil mande más que
el Parlamento.
ADVERTENCIA: Cualquier parecido
de esta ficción con la realidad podría ser fruto de la coincidencia.
Publicado el 16 de diciembre de 2015

