España es un país diverso y poco dado a la
uniformidad y eso también se percibe en los cuerpos de bomberos. A poco que viajes
por España te das cuenta, no solo de las diferencias, sino de los deseos de ser
diferentes y de marcar las singularidades de cada uno y de cada sitio. Rara vez
te encontrarás a alguien que te muestre
orgulloso algo suyo, explicándote que es exactamente igual, que lo que tienen
todos los demás en España.
La semana pasada se celebró en
Bilbao el campeonato nacional de excarcelación organizado por la Asociación
Profesional de Rescate en Accidentes de Tráfico APRAT. Fue un estupendo
encuentro que reunió a 20 equipos de bomberos de toda España. Mis
felicitaciones a organizadores y participantes y enhorabuena al equipo ganador
del Consorcio de Bomberos de Valencia. Esta concentración fue una ocasión excepcional
en la que se observar cómo se hacían
patentes las diferencias en la uniformidad de cada equipo. Podíamos fijarnos en
los distintos cascos, colores de chaquetones, reflectantes, etc., pero voy a centrar mi atención en la camiseta
o niqui del vestuario de trabajo.
Imitando a Francia
Parecía que cuando hace unos años algún servicio español imitó por
primera vez el suéter/jersey francés de color azul marino con una franja roja
horizontal sobre el que figuraba la palabra “bomberos” se iniciaba un camino
hacia la normalización. Lo que en Francia era un jersey en España se copió en
el modelo de camiseta de manga corta, azul marino con raya roja, sustituyendo a
la camisa que en color azul claro o gris, era lo más extendido y habitual en el
vestuario de trabajo entre los bomberos españoles. Con esta tendencia, parecía
que la uniformidad podría llegar a ser una realidad, también en España.
Pero tan solo se trató de una ilusión pasajera, enseguida
aparecieron los ánimos de ser o parecer diferente. Así se fue diversificando el
diseño y algunos consideraron que el niqui o polo era una mejor prenda para
lucir que la camiseta; otros que mejor dos rayas; otros, en vez de rayas,
hombreras rojas; y naturalmente hubo quién pensó que el color rojo era mejor
para un bombero que el azul; sin olvidar a quién decidió que las letras amarillas,
en vez de blancas, concordaban mejor con su bandera. La conclusión: otra vez
los bomberos españoles en su máxima expresión de falta de unidad y de
normalización. Lo que podía haber sido un proceso igualador y que procurase
mayor unificación, ha devenido en una mayor diferencia que cuando se llevaba
camisa azul (claro).
¿Quién tiene la culpa?
Pero, ¿quién es el responsable de tanta diversidad? Supongo que en este hecho no podamos echar la culpa a los políticos, aunque seguro que habrá algún caso en que también. Aunque muchas pueden ser las causas de este dislate, creo que la culpa principal, que no la única, hay que atribuírsela a los directivos, jefaturas y equipos técnicos de los servicios, por la falta de comunicación y diálogo entre ellos, aunque no dudo que haya alguna otra complicidad en la decisión de lucir un modelo original y exclusivo.
En la composición gráfica que muestro aparecen hasta 7
camisetas/niquis diferentes que coincidían en el mismo espacio, el mismo día y
os aseguro que había alguna más. O por el tipo, o por el diseño del modelo, o
por la calidad del tejido o por el número o grosor de las rayas o por el color
de las letras o por llevar raya en el borde de la manga o en el cuello, creo
que la camiseta de cada servicio era diferente, o sea que había 20 diferentes.
Habría que tener presente que esta diversidad da trabajo y
cuesta dinero. Ser diferente es un empeño caro. Y además, se da imagen de desorganización
y de caos ¡Pobre Marca España!

