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lunes, 5 de mayo de 2014

Fuego genocida

 
Esta imagen de unas chicas jóvenes adolescentes aparentemente entregadas a las divertidas labores de preparación de un botellón, no es lo que parece. La tremenda realidad es que están preparando cocteles molotov (armas de guerra incendiarias) para la confrontación que se está produciendo en algunas zonas de Ucrania entre los partidarios de dos ideales territoriales diferentes y opuestos. El objetivo de estas armas incendiarias no es otro que infligir daño al contrario,  al enemigo, mediante el fuego: quemar coches, propiedades, edificios,  personas, producir perjuicio al otro. La fotografía ha sido captada este fin de semana en Odessa –Ucrania- y ha sido divulgada ampliamente a través de las redes sociales.

Este fin de semana, el viernes 2 de mayo, unos manifestantes prendieron fuego a la Casa de los sindicatos, edificio en que se habían refugiado los manifestantes opuestos*. Según el fiscal de Odessa el balance final del incendio ha sido de 46 fallecidos (38 en el interior y 8 al arrojarse por las ventanas).
 
Los daños producidos son irremediables, pero estos hechos deberían servirnos para reflexionar sobre las posibles trágicas consecuencias del uso del fuego en manifestaciones y concentraciones públicas y algaradas sociales. Las muertes de personas ocasionadas mediante el uso intencionado del fuego no dejan de ser asesinatos y si estos se producen de forma masiva contra la población civil de otro grupo étnico o nacional se llama "genocidio".

El fuego ha sido un arma de guerra desde la antigüedad y como se puede comprobar lo sigue siendo en la actualidad: napalm, bombas incendiarias, lanzallamas, o antorchas sirven para causar daños y destrucción; una noticia reciente nos daba cuenta de que el presidente de Corea del Norte habría mandado ejecutar mediante el uso de lanzallamas (la versión rápida de la quema medieval en la hoguera) a un alto cargo del régimen junto con su hermana y otro colaborador. ¡Impresionante forma de impartir justicia!

Tras casi toda una vida de dedicación a la lucha contra incendios  y su prevención, siempre me ha costado aceptar el uso del fuego para hacer daño o para destruir. No llevo bien, cuando alguien, en nombre de una buena causa prende fuego a algo, ya sea para que arda un comercio o para destruir un cajero de un banco o queme unos neumáticos para hacer una barricada. Y qué decir cuando el fuego se usa para causar daños a las personas. ¡Pavoroso!

Creo que el fuego como arma destructiva, debería formar parte de las armas prohibidas por la Organización de las Naciones Unidas, como las armas de destrucción masiva, las bombas racimo y las minas antipersona. La civilización debería hacer uso del fuego solamente para disfrutar de sus beneficios y los civiles deberían ser formados en la “ética” del uso e l fuego.

*Nota: No es objeto de esta reflexión analizar la contienda ni echar la culpa a unos o a otros, razón por la que no menciono a ningún de los dos bandos. Las personas fallecidas son igualmente víctimas independientemente del bando en el que estuviesen en ese momento.

Publicado el 5 de mayo de 2014