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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Fábula de los rotativos azules

En el artículo anterior comentaba la decepción que siento por el engaño del gobierno en esta legislatura por no haber aprobado que los vehículos de emergencia puedan llevar luces prioritarias azules. No es fácil entender que durante tres veces se hayan aprobado en el Congreso de los Diputados español (en la Comisión de seguridad vial) tres Proposiciones No de Ley (PNL) por unanimidad -es decir con la aquiescencia de quien gobernaba- que obligaban al gobierno a regular que los servicios de emergencia podrían portar rotativos azules.


Cuesta entender que un gobierno pueda actuar en contra de sus propias decisiones y en contra de las decisiones aprobadas en la Comisión de Seguridad Vial por todos los grupos políticos sin excepción, así que me permito especular que este asunto, aunque parece estar siendo objeto de un maleficio, su fatal desenlace debe tener alguna explicación más humana que sobrenatural (como la que imagino a continuación).

La fábula
<<Imaginemos un día cualquiera al ministro de Presidencia sentado en la mesa de su despacho. Su secretaria acaba de notificarle que tiene una importante visita que no estaba en su agenda; está sorprendido al escuchar el nombre y cargo del visitante. Poco después, tras un par de toques en la puerta del despacho, vio entrar a su secretaria dando paso a un militar impecablemente uniformado.

—Muy buenos días, Sr. Ministro —dijo el visitante cordialmente.

—Muy buenos días —le saludó desde detrás de la mesa, levantándose ante la visita inesperada y mirando directamente a su interlocutor. Rodeando la mesa, dio un par de pasos al frente y alargó el brazo hacia él extendiendo la mano.

Mientras el militar se presentaba, se saludaron con un enérgico apretón de manos.

—¿Qué se le ofrece, mi general? —Aunque las autoridades civiles no están sometidas al poder militar sino más bien al revés, el tratamiento “mi general” es una deferencia que aún se mantiene, sobre todo entre los políticos de los gobiernos de derechas, aun cuando la formula correcta sería llamarle señor, o por el nombre o por su rango seguido del apellido, o bien “general” a secas.

Es sabido que los generales del ejército español gozan de un poder tal que pueden presentarse directamente en el despacho de un ministro sin aviso previo; lo han hecho siempre desde el golpe de estado militar del 36 y no están dispuestos a perder tal privilegio. En este caso el general de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil no es una excepción.
—Pues mira ministro, no quiero quitarte mucho tiempo —dijo tuteándolo.
El ministro, incómodo ante la invasión intempestiva, se alegró por el anuncio de la brevedad de la interrupción de sus tareas, y aceptando el tuteo, le animó a proseguir:
—Tú dirás.
—Mi visita tiene por objeto trasladarte la preocupación del cuerpo por un asuntillo de la Dirección General de Tráfico, que se puede resolver fácilmente.
Estas palabras hicieron que el ministro sonriese y mostró su buena disposición a escuchar a su visitante invitándole a sentarse en el sofá, situado en el extremo más luminoso de su despacho.
—Siéntate, por favor.
—Gracias.
—Bueno, cuéntame —dijo el ministro, intrigado.
Tras acomodarse en sus asientos, el general comenzó su explicación.
—Desde hace varios años, algunos grupos están enredando para que todo el mundo —exageró— lleve las luces azules de policía y han conseguido que se modifique un artículo del nuevo Reglamento para darles satisfacción. Sabes que siempre los vehículos policiales se han distinguido por las luces rotativas azules; cuando ves un coche con luz azul, inmediatamente sabes que es un coche policial. Pues bien, si se aprueba el reglamento de tráfico como está redactado el proyecto, esto se acabó. Las carreteras españolas serán un mar de confusión. Imagina un viaje de Madrid a Valencia: en este trayecto puedes encontrarte unos dos o tres coches de policía y en cuanto ves que llevan luces azules los identificas inmediatamente con la autoridad; son los que velan por tu seguridad.

—Pero, eso ¿continuará siendo así no? —le interrumpió el ministro.

El general, tomó aire y continuó su discurso, desorbitando la realidad.

—Si el despropósito de este Reglamento sale adelante, podrás encontrarte en este recorrido, con decenas de coches, camiones y furgonetas con rotativos azules sin que sepas quiénes son: bomberos, ambulancias, vehículos de los voluntarios de protección civil de cada pueblo; hasta las grúas podrían llevar luces azules. Serán cientos de vehículos sin orden ni concierto los que sembrarán una confusión fatal. No tienes que extrañarte que estemos indignados en la Benemérita, que llevamos años cargando con la responsabilidad de la seguridad en las carreteras españolas. Por eso estoy aquí —enfatizó, gesticulando con las manos—: ¡Esto no se debe permitir!

—Pero, este asunto depende de Tráfico, ¿no?
—No, no. Este borrador se está tramitando desde tu Ministerio, desde Presidencia.
—Ignoraba que entrañase estos cambios, no me han informado de esto.
—Pues así es, siento decírtelo —aseveró el general, rotundo—. Espero que no sea tarde para rectificar.
—Pero…, habrá algún tipo de oposición si ahora cambiamos el proyecto, el borrador ya está circulando… Me preocupa que haya alguna reacción.
—Por eso no te preocupes —aseguró, quitándole importancia—, ya hemos hablado con la asociación de bomberos más representativa de bomberos que está en Madrid y ellos no quieren las luces azules. A la Federación de Municipios y Provincias tampoco le va nada en este asunto, es más una cuestión de los vascos y catalanes que ya han puesto las luces azules por su cuenta sin autorización de la DGT. Y ya sabes, desde la Guardia Civil no podemos hacer nada; lo único que está en nuestras manos es que nuestros agentes sancionen a sus coches de bomberos cuando salgan a intervenir en las provincias limítrofes.
—¡Ya! —cortó el ministro, que no le gustaba la deriva de la conversación—. ¿Y tenemos alguna propuesta alternativa?
—Sí, claro que la hay —dijo sonriendo—: Dejar el texto del Reglamento como estaba.
—Sí, pero… A ver como se lo explicamos al ministro de interior y al director de tráfico -manifestó el ministro, pesaroso.
—El ministro de interior ya lo sabe, ya hemos hablado con él —afirmó, utilizando el plural, para dar a entender que no era solo cosa suya y que había varios interesados en el tema—: Está de acuerdo.
—Pero, habrá que redactar un nuevo borrador.
—No, no será necesario. —Hizo una pausa, sosteniendo la mirada al ministro—. Simplemente, cuando mandéis el Reglamento definitivo a publicar al BOE, dejáis la redacción de ese punto sin modificar; como estaba antes.

—Seguro que habrá alguna protesta —alegó el ministro, mostrando cierta preocupación.

—No, no la habrá, ya verás —aseguró con aplomo—, en todo caso, si algo no saliese bien y hubiese algún tipo de queja generalizada, no se trataría de nada irreparable, tu gabinete siempre podrá decir que ha sido un error mecanográfico. Y en última instancia, si no quedase más remedio, estaría la argucia de la rectificación mediante una corrección de errores en el BOE. Pero te aseguró que no pasará nada; este asunto no interesa a nadie. Por intentarlo, no tenemos nada que perder.
—Bueno, bueno, pues siendo así, lo estudiaremos. De momento, lo que podemos hacer es ralentizar su tramitación —aceptó el ministro, zanjando el asunto, con aire de complicidad. Se dio cuenta en ese instante que el color verde de su corbata de seda, aunque un poco más brillante, era exactamente del mismo tono que el uniforme de la Guardia Civil.
La conversación continuó amistosamente durante unos minutos. El general no le dijo al ministro de Presidencia que el cambio del Reglamento de Tráfico estaba motivado por una Proposición No de Ley de la Comisión de seguridad vial del Congreso de los Diputados, ni que en ningún país de Europa existe una luz para distinguir los coches de policía, ni le puso al corriente de que en Europa todos los vehículos de emergencia llevan luces azules…
Varios meses después se publicó el nuevo Reglamento sin modificar ni una coma para aceptar que los vehículos de emergencia llevasen luces azules como en Europa, despreciando y contraviniendo el mandato del Congreso al Gobierno. Se había dado un golpe de estado administrativo, en que la voluntad de un militar se había impuesto una vez más sobre la voluntad civil de los españoles representada en el Congreso de los diputados. El general, el ministro demócrata y todos sus cómplices se pasaron el Parlamento y su PNL por... el arco de triunfo.>>


Moraleja
Por si alguien no la ha deducido aún: Los servicios de emergencia en España no llevarán luces de prioridad azules como los países de las democracias europeas mientras la Guardia Civil mande más que el Parlamento.
ADVERTENCIA: Cualquier parecido de esta ficción con la realidad podría ser fruto de la coincidencia.


Publicado el 16 de diciembre de 2015



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lunes, 14 de diciembre de 2015

NO a los rotativos azules en emergencias

Como es conocido, los vehículos de emergencia españoles no llevan luces azules prioritarias como en toda Europa, sino de color amarillo auto como los vehículos lentos y pesados, agrícolas y los de la basura. Se ha escrito mucho sobre este asunto, sobre todo en la revista emergencia 112 y en la página web de la APTB por lo que no voy a abundar más sobre ello. Los miembros de los servicios de emergencias conocen bien la reivindicación de las luces prioritarias de color azul para los vehículos de emergencias y quienes quieran ponerse al día tan solo tienen que buscar y leer los artículos publicados. En este artículo me voy a referir a la decepción de que finalice esta legislatura sin haber logrado esta reivindicación europea por otra mentira más del gobierno.

Origen de los rotativos azules
El uso común de los rotativos azules en Europa tiene su origen en la Convención de Viena de las Naciones Unidas de 1968 sobre  el tráfico en carretera que acuerda distinguir mediante luz los vehículos prioritarios que estuviesen en una misión urgente o que fuese necesario avisar de su presencia a los otros conductores.
 La Convención de Viena nunca fue suscrita por España 

Origen de la reivindicación
Esta reivindicación, ya histórica, en España, la empezamos cuando en el año 1993 siendo yo presidente de la APTB dirigimos la primera carta al entontes director de la DGT. Desde entonces todos los directores de la DGT y de Protección civil han tenido conocimiento del asunto. Se mantuvieron reuniones con Secretarias/os de Estado de distintos gobiernos, desde María Dolores de Cospedal (PP con Aznar) hasta Justo Zambrana (PSOE con Zapatero), y siempre nos prometieron una pronta resolución del caso.

 Carta de APTB al Director de Tráfico en 1993 
 
En estos 20 años, han sido varias las entidades que han tenido participación en este asunto de las que merece la pena destacar a la Asociación Nacional de Emergencias Comunes –ANEC- que llevó este tema al Defensor del Pueblo y  a través de sus gestiones se gestó la primera PNL –Proposición No de Ley- de las tres que se han aprobado en la última década. Esta reivindicación ha contado con numerosas adhesiones de muchos de los gobiernos autonómicos, que lo han manifestado por activa y por pasiva ante la DGT.

Traición histórica
Después de la PNL aprobada en 2006, se elaboró el Proyecto de 2008 por el que se modificaba el Reglamento general de vehículos en que se recogía claramente la reivindicación del colectivo y establecía que La utilización de la señal V-1 (prioritaria azul) en un vehículo indica la prestación de un servicio de policía, extinción de incendios, protección civil y salvamento, o de asistencia sanitaria, en servicio urgente. La señal V-1 podrá utilizarse simultáneamente con el aparato emisor de señales acústicas especiales”.
 
Este borrador circuló ampliamente y todos estábamos convencidos de que por fin se haría realidad. Cuando finalmente se publicó en el BOE en enero de 2010 nos quedamos estupefactos: nada había cambiado, los vehículos prioritarios policiales mantenían el azul de forma exclusiva y ambulancias, bomberos y protección civil seguían con el color amarillo ámbar de los carritos de la basura, tractores y vehículos  lentos y pesados. 

Lo que nos iba a costar era asimilar la traición de ASELF, una asociación que arrogó la representación de los servicios de bomberos y conspiró junto con la DGT para que los vehículos de bomberos no llevasen luces azules. Incluso mantuvo una reunión con la entonces Directora general de Protección Civil y Emergencias para convencerla de que los bomberos no queríamos luces azules y le llevaron una propuesta estrambótica de señalización con luces ámbar y blancas , por delante, por detrás y por los laterales, que habían elaborado con Unijepol, una asociación de jefes de policía, y creo que, con el SAMUR de Madrid, a quién siempre les ha gustado lucir sus ambulancias con muchos colorines.
 
La promesa de este gobierno
Todo este enredo parecía que llegaba a su fin a principio de esta legislatura, con un nuevo ministro de interior y una nueva directora general de tráfico. Para simplificar la exposición, tan solo me voy a referir a la reunión que se recoge en la noticia publicada en el portal de internet www.aptb.org el 15 de mayo de 2012, que con el título “Un paso más cerca de los rotativos azules” reproduzco a continuación: 

<<UN PASO MÁS CERCA DE LOSROTATIVOS AZULES.-

El pasado día 23 de abril (2012) las asociaciones FSP-UGT, CCOO, CSI-CSIF, APTB, CONBE, ANEC y ANAV se reunieron con la Directora General de Tráfico, María Seguí, para tratar de la modificación del Reglamento General de Vehículos y concretamente en lo que hace referencia al color de la señal V-1 de los vehículos prioritarios y que solamente permite el color azul a los vehículos de la Policía.

Dª. María Seguí manifestó la voluntad de la DGT de modificar el mencionado Reglamento en la línea mantenida por las organizaciones presentes para permitir a los vehículos de emergencia (Bomberos, Ambulancias y Protección Civil), el uso de los dispositivos luminosos de color azul.

Esta posición concuerda con la manifestada por el propio Ministro del Interior en su pasada comparecencia del pasado día 27 de marzo, en la Comisión de Seguridad Vial del Congreso de los Diputados, lo que hace concebir nuevamente esperanzas de conseguir un fin larvado duramente durante más de 10 años.

La voluntad de las asociaciones reunidas es la de integración en el modelo europeo y abandonar soluciones que nos alejan de las directrices europeas así como mantener la máxima de los servicios de emergencia como es la mejora constante de la seguridad del ciudadano. 15/05/2012>>

Esta legislatura está a punto de concluir esta semana por lo que ya podemos afirmar que la promesa de los rotativos azules a los servicios de emergencia ha sido una mentira más. Y la legislatura que viene, vuelta a empezar.  

Inexplicable
Los cuerpos policiales se han opuesto rotundamente  a que los vehículos de emergencia lleven luces prioritarias de color azul. Hemos tenido conocimiento de esta postura radical por los testimonios de quienes han mantenido reuniones en los que estaban presentes representantes policiales y en especial de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, que se creen la autoridad (militar por supuesto) única de las carreteras españolas.

Me cuesta entender el empecinamiento de los cuerpos de policía para que los servicios de emergencia no lleven luces prioritarias azules y se les obligue a llevar luces que se confunden con otros vehículos. Cualquier persona que reflexione un poco sobre este hecho y sobre la legislación internacional se da cuenta de que estamos ante una normativa de seguridad vial y no ante una cuestión de distinción de los vehículos de distintos cuerpos o servicios públicos. La luz azul no es un privilegio que distingue a un cuerpo de otros y que proporciona autoridad, rango o jerarquía. No es eso, la distinción del color azules es tan solo una medida de seguridad vial para señalizar aquellos vehículos que hayan de tener prioridad de paso (en determinadas circunstancias) y advertir mediante estas señales a los demás conductores y usuarios de las vías de tránsito. Que se den una vuelta por Europa y lo vean. 

Los jefes de la Guardia Civil tienen muy claro que los vehículos policiales deben distinguirse de todos los demás vehículos, pero esta distinción no viene recogida en ningún texto legal nacional ni internacional. Opino que, si les parece, la Guardia civil puede llevar luces verdes o del color que elijan además de las luces azules y así todos los distinguiremos de los demás vehículos, si es eso lo que quieren, pero no deberían impedir con su obstinación que se regule en contra de lo que todos los demás paises europeos tienen. 

Una fábula
Para intentar ofrecer una explicación a este absurdo desenlace que no tiene lógica me he permitido escribir una fábula que os contaré en el próximo artículo.

Corolario
Podemos concluir, sin equivocarnos demasiado, que la estrategia del Ministerio de Interior y de la DGT fue desactivar la reivindicación al principio de la legislatura, como así ha sucedido. Los políticos saben muy bien que los sindicatos de los servicios de emergencia no se van a movilizar por este asunto que no les afecta al horario, ni al sueldo, ni a los días libres.
Para finalizar este artículo sobre un tema tan sensible para nosotros, que tiene una solución política tan fácil, no voy a acabar este artículo con la recomendación de que "No votes a quien te miente descaradamente" este domingo (eleciones generales del 20 de dicembre de 2015), pues, cada uno debe sabe a quién votar, inteligententemente, después de reflexionar sobre las consecuencias de su voto.

 

Publicado el 14 de diciembre de 2015 

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martes, 14 de abril de 2015

Accidente y rescate en Marruecos


 
El trágico accidente de tres montañeros españoles  en el Atlas marroquí que se ha saldado con la lamentable muerte de dos de ellos, ha levantado una polvareda mediática sobre el asunto: acusaciones de asesinato, escasez de recursos, rescate chapucero, descoordinación, falta de colaboración de las autoridades españolas, etc., etc. Un par de semanas después del suceso analizamos los hechos y las reacciones producidas sin el apasionamiento de los primeros momentos.
 
Aprovechando la semana santa un grupo de nueve españoles salieron de Sevilla hacia Marruecos a finales de marzo para disfrutar de unas vacaciones que incluían la práctica de deportes de riesgo. Se separaron en dos grupos siguiendo rutas distintas quedando en reencontrarse el martes 31 de marzo. Los tres espeleólogos, Juan Bolívar, Gustavo Virúes y José Antonio Martínez se dirigieron por la cordillera del Atlas junto a un guía.
 
Llegado el martes, compareció tan solo el guía al lugar de la cita, la localidad de Taghrafet, por razones que se ignoran y el miércoles, 1 de abril, los españoles denunciaron a las autoridades de Marruecos la desaparición de sus compañeros notificándolo también al Consulado español en Casablanca. Al parecer, de forma inmediata las fuerzas de seguridad marroquíes iniciaron la búsqueda de los desaparecidos.
 
El jueves 2 y el viernes 3 de abril, la niebla existente limitó las actividades de búsqueda con helicópteros.
 
El sábado 4 de abril, por la mañana fueron encontrados en un acantilado en Uarzazate cuando Gustavo Virúes ya se encontraba muerto desde el momento del accidente. Las características del terreno no permitían el aterrizaje que se hubo de realizar a una hora de camino, aproximadamente (según fuentes del Ministerio del Interior). Al llegar al acantilado donde estaban los espeleólogos, se encontraron con un desnivel de 200 metros y la nieve y el estado en que se encontraban los españoles retrasó la operación de rescate hasta el domingo 5 de abril.
 
Los rescatadores marroquíes emplearon más de 24 horas para poner a salvo a Juan Bolívar, único superviviente, quién colaboró en su propio rescate, y fue atendido y trasladado al hospital.
 
El domingo 5 de abril, se informó que José Antonio Martínez había fallecido el sábado por la gravedad de sus heridas (fractura en una pierna y contusión en la cabeza).
 
Las autoridades españolas ofrecieron colaboración y apoyo a los marroquíes desde el miércoles día 1 de abril, pero no recibieron su autorización hasta el domingo cuando ya no había nada que hacer, más que rescatar los cuerpos de los dos fallecidos, lo que se hizo el lunes entre los dos equipos.

 
Hasta aquí, más o menos, los hechos ocurridos de forma sintética. Y a partir del regreso a España del montañero superviviente y de sus declaraciones y las de los familiares de los fallecidos es cuando surgen las críticas y los reproches y el debate sobre el comportamiento de las autoridades españolas y marroquís y sobre la tardanza de los servicios de rescate y sus carencias, tachando el rescate de chapucero. Por su parte, las Autoridades de Marruecos han acusado a los españoles de imprudentes.
 
Hemos de lamentar, por supuesto, los hechos, que acaban con dos víctimas mortales y desear que nunca vuelvan a ocurrir, lo que nos debe llevar a reflexionar sobre lo ocurrido.

 
Declaraciones del superviviente
Según las propias declaraciones del superviviente Juan Bolívar, cuando ascendían a pie por un cañón se encontraron con una catarata, viéndose obligados a realizar una pequeña escalada y que debido al ruido de la catarata no se entendieron en las instrucciones sobre las cuerdas por lo que se produjo el accidente cayendo sus dos compañeros, quedando uno muerto y otro herido.
 
Cuenta que cuando le lanzan una camilla para que ate a su compañero reconoce que no sabe hacer eso y dice: "no he puesto una camilla en mi vida”, por lo que bajó un miembro de la gendarmería que ató la camilla con José Antonio Martínez y la puso en un lugar en que rescatador y rescatado se precipitaron bajo la catarata. El miembro de la gendarmería marroquí se puso a salvo y dejó a José Antonio en el cauce de agua con la cabeza fuera del agua donde finalmente falleció. La autopsia realizada en Granada ha descartado que la causa de la muerte fuese la caída, por lo quedan abiertas las posibilidades de que falleciese por ahogamiento o por hipotermia.
 
No puedo dudar de la buena voluntad y disposición de los miembros del equipo de salvamento, que seguro que intentaron hacerlo lo mejor posible con los medios y formación de que disponían, pero todo parece indicar que los medios para el salvamento eran inadecuados y que el rescate, con los conceptos que manejamos en nuestros país, puede ser calificado como “chapuza”.
 
 
Algunas preguntas
Según varias informaciones los españoles eran montañeros experimentados pero me pregunto si ese calificativo implicaba una alta capacitación para la práctica segura de deportes de riesgo.
 
Dando por ciertas las explicaciones del superviviente, de que no se entendieron en el manejo de las cuerdas de escalada en las condiciones de ruido en las que lo realizaron, me pregunto si estaban suficientemente preparados para garantizar su propia seguridad en las condiciones en las que se veían obligados a realizar la escalada. ¿A la vista de sus problemas  de comunicación, no habría sido lo prudente intentar la escalada en otro lugar donde pudieran entenderse?
 
También me pregunto ¿dónde otorgan el título de “experto montañero” o espeleólogo a personas que nunca han realizado una práctica de rescate o auto-salvamento en que hayan tenido que aprender a atar y asegurar una camilla con un herido?.
 
Otras preguntas que me hago son:
-         ¿Por qué el Estado español en este caso ha roto su protocolo de no intervención en rescates en otros países?
-         ¿Ha sido porque dos de los españoles eran del Cuerpo Nacional de Policía y uno de ellos Inspector jefe?
-         ¿Supone esto que en sucesivos accidentes de españoles en el extranjero se irá en su rescate aunque no pertenezcan a las Fuerzas de Seguridad del Estado?
-        ¿Por qué van los GEO si no son un cuerpo de rescate?
-     ¿Es corporativismo que para rescatar policías se movilicen policías?
 
 
Acusaciones a los gobiernos
Las acusaciones de que el gobierno español no ha hecho nada, no son ciertas. El Ministerio de Asuntos exteriores quiso intervenir desde el primer momento y con medios del Ministerio del Interior: Guardia Civil y GEO. Al menos en este caso al gobierno no se le puede acusar de inacción.
 
Y aquí cabe otra gran pregunta. ¿Tiene el Gobierno obligación de intervenir en los rescates en el extranjero? Lo habitual es que no lo haga; de la misma manera que cuando el accidente le ocurre en España a un ciudadano francés o inglés, no vienen los franceses ni los británicos a realizarlo. Recomiendo la lectura del artículo de Ignacio Escobar director del diario.es “¿Hay espeleólogos de segunda categoría?”.
 
En cuanto a las acusaciones a Marruecos, por no permitir la intervención española, se ha de tener presente que cada país es soberano para organizar sus servicios públicos y Marruecos actuó de la misma manera que habría actuado el Gobierno español si el accidente lo hubiesen tenido unos marroquíes en España. Incluso, cedió a la presión española permitiendo la intervención de las fuerzas policiales españolas en territorio marroquí, lamentablemente, cuando ya era tarde para salvar a los dos fallecidos.

 
La responsabilidad del accidente
Todos los aventureros deben saber que la responsabilidad de un viaje es de la persona o personas que lo realizan, y en el caso de los deportes de riesgo todos los peligros y sus consecuencias son asumidos de forma voluntaria y han de ser evaluados de forma previa al viaje con una planificación y considerando todos las contingencias posibles, es decir todo lo que puede salir mal. En primer lugar para estar seguros que aceptamos esos riesgos y que a pesar de ellos queremos realizar esa actividad y en segundo lugar para saber minorarlos y saber qué hacer cuando ocurra cada contingencia analizada.
 
Cuando se va a otros países con un nivel de desarrollo de sus servicios públicos inferior al nuestro se ha de ser consciente que no podemos esperar las mismas reacciones, ni los mismos medios, ni la misma preparación para ayudarnos. También se ha de ser consciente de los enormes costes que puede suponer un accidente en algunos países con un rescate, una hospitalización y una repatriación, que podrían ser superiores a los 50.000€. Esto puede ser cubierto mediante la contratación de un seguro, pero la pérdida de la vida como se sabe es irremediable.
 
Tomando como referencia los incendios, sabemos que la atribución de responsabilidades por los daños de los incendios ha sido sometida a muchos juicios penales. Después de unos cuantos fallos judiciales podemos obtener la conclusión de que el bombero nunca puede ser el principal responsable de los daños del incendio por no apagarlo bien o no impedir su propagación, o por no adoptar las medidas óptimas. El culpable de los incendios es el que los origina de forma intencionada, o por descuido o por negligencia, pero no el bombero. Lo mismo sirve para otros accidentes.
 
 
¿Conclusión?
Puede ser comprensible la rabia de quienes han perdido un ser querido y que en un arrebato quieran culpabilizar a cualquiera del fatídico resultado del accidente. Siempre son de lamentar las víctimas que se producen por los accidentes, pero me parece muy injusto culpar a los rescatadores. 
 
Ojalá, lo ocurrido pueda servir de lección a todos y ayude a evitar otras muertes en el futuro.

Fecha de publicación, 14 de abril de 2015

 

martes, 16 de septiembre de 2014

Antes de recortar, reformar. ¿Sobran policías?

 Antes, re-organizar. Esta es la máxima que deberíamos exigir a los gobiernos de nuestras administraciones, a todos: al del Estado, a los de las CCAA, de las Diputaciones, de las Comarcas, de los Ayuntamientos, de los distritos de barrio, de los consorcios, entes autónomos, etc. Aunque cuando observamos la desorganización de algunos entes podemos obtener la impresión de que antes de re-organizar habría que haber organizado.

Mantengo la teoría de que la crisis no ha sido lo suficientemente aguda como para que de verdad  acometamos la tarea de reformar la administración. En vez de eso, los gobiernos se han dedicado a recortar, y ante las protestas sindicales y sociales nos han sorprendido con la falsa y estúpida promesa de que cuando pase la crisis volveremos a despilfarrar como antes. En una crisis de verdad, el máximo mandatario de cada administración debería haber llamado a todos los responsables políticos y directivos técnicos de las áreas de gestión para requerirles un plan de economía, de ahorro de su departamento, de identificación de las duplicidades que se pueden eliminar, de aquellos servicios prescindibles y de aquellos gastos innecesarios para poner en marcha una verdadera política de contención del gasto en consonancia con la búsqueda de una mayor eficiencia, de una manera consciente. Pero, o estoy muy mal informado o no se ha hecho nada de esto. La solución adoptada ha sido que por la vía de la aprobación del presupuesto se ha informado a los responsables de los servicios: «Este año tienes un 40% menos de presupuesto de gasto corriente», donde la única respuesta posible era: «Ah, vale». Han recortado los medios en vez de reformar el sistema*.

En los servicios de seguridad y emergencia en España tenemos identificadas unas cuantas duplicidades. En la entrada anterior hablaba del número de bomberos en España, hoy voy a hablar de otros servicios con plantillas mucho más numerosas y que por ello las cifras escandalizan aún más. Se trata de "Las Policías". Recuerdo que a finales de los años ochenta, en un curso de Cepreven nos contaron que la relación media en Europa era un bombero por cada 3 policías y que en España era de un bombero cada nueve policías. Con una pequeña extrapolación calculé, que en aquellos años de tanta actividad terrorista en Euskadi la relación de un bombero cada 12 policías (no porque hubiese menos bomberos, sino porque había muchísimos más policías). Veamos datos más actuales.
Con una pequeña investigación he podido obtener los siguientes datos referidos a 2013, que si no son del todo exactos no se apartarán mucho de la realidad (después de todo, ni sindicatos de policías y gobierno se ponen de acuerdo en los números)
POLICÍA
Datos 2013
Ratio
Policía Nacional
69.000
Guardia Civil
81.000
Policías Locales
70.000
Policías Autonómicas
30.000
Total
250.000
1/184 habitantes
 ¿Parece desorbitado? Sin duda lo es. España tiene el mayor ratio de policías de “todos” los países europeos. Y menos mal que las políticas de ajuste han reducido unos 25.000 policías desde 2010. Entonces… podemos pensar que tenemos el país más seguro del mundo, ¿no? Pues eso no lo sé pero, lo que es un hecho cierto es que también tenemos una de la poblaciones reclusas más grandes de Europa, así que se puede encontrar cierta proporción entre policías y ladrones; pero ganando los policías.

En fin, no tengo nada contra los policías, gracias a ellos podemos vivir más seguros, pero me gustaría que nuestros gobiernos se pusiesen las gafas de ver en la crisis -no las de sol que deforman los colores de la realidad- para que vean lo que vemos todos los españoles: dos policías paralelas (Policía Nacional y Guardia Civil) sin coordinación, que se ignoran, unas policías autonómicas repudiadas por los aparatos del Estado y unas policías locales, que dentro de poco supondrán el mayor número, y que son utilizadas como comodines municipales para infinidad de tareas impropias. Si aplicamos la lógica y el ratio de la media europea sobran unos 75.000 policías o alguno más. Eso suponen unos dos mil millones de euros. Parece que hace falta una "pequeña" reforma.
* Lo aquí escrito sirve para cualquier administración y cualquier servicio público. Si al leer esto, estás de acuerdo y tienes alguna responsabilidad en la administración pública, intenta aplicarte el cuento, y piensa ¿qué puedes reformar en vez de recortar?

Publicado el 16 de septiembre de 2014